Vulnerabilidad como potenciador del condicionamiento

Cuando uno está realmente mal y busca la ayuda de otro ser humano para un proceso terapéutico realmente está en una situación de profunda vulnerabilidad en la que muchas de sus habilidades propias quedan delegadas temporalmente en una figura externa que es la del terapeuta. Es un estado de vulnerabilidad y reconocimiento de la incapacidad de uno de solventar lo que le pasa, muchas veces reflejada en una rendición temporal de ese ego que niega confundirse jamás y que al menos durante este tiempo reconoce ser incapaz de encontrar por sí solo solución a los problemas.  Esta rendición temporal del ego puede caracterizarse por una apertura a aprender cosas que puedan traer nuevas habilidades para mejorar y salir del bache.

Acudimos a otro, tragándonos el orgullo de no poder resolverlo solo en algunos casos. Lo hacemos porque en ese momento nos sentimos perdidos y pensamos que el otro sabe y puede ayudarnos a encontrarnos.

En un estado, muchas veces de profundo auto-odio a la par que con un grado alto de desapego en las condiciones desapego egoico y con las protecciones bajadas nos acercamos a un terapeuta o grupo de terapia cuyo propósito es en principio ayudarnos a mejorar nuestra situación. Curiosamente les pagamos por su atención y servicios en un momento de máxima necesidad para nosotros y encontramos sus atenciones como caidas del cielo, ya que venimos de odiarnos a nosotros mismos y de estar perdidos y encontrar escucha, un grupo de personas en situaciones parecidas y la atención en el grado que sea es en cualquiera de los casos una suerte de rango entre un bálsamo y la salvación divina.

528119bc2141a_thumb900-300x271En semejante estado no es poco común el fenómeno de la dependencia a la atención y dedicación del terapeuta y no pocos son aquellos que saben que esto es así y lo usan deliberada o ignorantemente para su lucro personal o el proselitismo ideológico.

Desde el otro lado, desde el lado del terapeuta, si se es empático, es realmente descorazonador ver a un ser humano que lo pasa mal venir a ti y a menudo intentamos ayudar al máximo que sabemos y podemos a esa persona. Todo este proceso tiene su precio y cuando la persona es tan vulnerable y se encuentra en una situación desvalida realmente el poder de influencia que tenemos sobre ella es muy grande, mucho mayor del que tan siquiera nos gustaría reconocer abiertamente.

Lo que en otras condiciones no requeriría de la ayuda de nadie como profesional, en esos momentos se vuelve una “salvación” en muchos casos para muchas personas y es justamente en esos momentos de profunda vulnerabilidad, de tocar fondo, de estar profundamente desestructurados que toda nueva creencia y visión del mundo puede suponer una auténtica revolución.

El vínculo de alguien profundamente necesitado con alguien que tiene algo para dar, por poco que sea, puede llegar a ser muy fuerte, especialmente para el que dá, de sentir que tiene el poder de ayudar a que el otro esté bien, o un poco mejor al menos, y de que en el fondo el otro le escucha porque le necesita.

Cuando la Verdad de los actos y conductas del cliente en su vida pasada y presente quedan relegados a un último plano en la terapia y lo que únicamente es tratado es el nivel de lo que la persona piensa y siente, ocurre una desconexión de la realidad de la vida del cliente.

Ello puede ocurrir por muchas razones, entre las cuales ahora se hayan tan en boga las derivadas de los falsos mitos que propugnan cuantiosas corrientes de la nueva era de que “todo está en tu interior y todo surge de tu interior” etc… Realmente, en muchos casos, entre los cuales me incluyo yo mismo en su momento, estas creencias pueden sumir a la persona en un estado de aceptación de que para cambiar las cosas que han ido mal en la vida hasta ahora tengo que hacer tal o cual práctica interior hasta alcanzar no se qué estado (que por supuesto no puede ser definido porque ocurre en el interior del maestro o terapeuta y como yo quiero ser como él o ella, porque el o ella parecen estar divinamente bien y tener éxito entre los seguidores…)  pues necesitaré hacer muchos cursos o prácticas y volverme muy como ellos y ellas para conseguir encontrar ese estado después de mi proceso de “evolución de la consciencia”.

Y es que a menudo los terapeutas que entienden que dentro de los límites de respeto a los principios básicos de no-violencia y auto-defensa no intentan que los clientes piensen como ellos, porque entienden que ese es el terreno de libertad individual y que lo único que ellos pueden hacer es reparar el vínculo interpersonal demostrando al cliente que la comunicación sana es posible, ya sea con el otro como con uno mismo y que para eso no hace falta volverse seguidor de nada ni de nadie, sencillamente aplicar para fuera y para dentro los dos principios citados más arriba.

Pero los hay de otro tipo que amparándose en el uso del pensamiento inductivo, de la preponderancia de la perspectiva personal por encima de la realidad objetiva de los hechos de la vida del cliente, venden  a la persona que están tratando su “visión del mundo” como bálsamo para el fin de los males. Y es que, “en realidad te pasa lo que te pasa porque ves las cosas de la manera en que las ves, si las vieses con mis ojos, o con los ojos del maestro, tu vida sería muy diferente…”

En este contexto, a menudo ocurre que al calor de la necesidad de ambas partes de ser escuchadas o mismamente al calor de la diferencia jerárquica establecida se hace una curiosa transferencia de sistemas de creencias, siendo la persona tratada la que recibe del terapeuta todo un nuevo conjunto de creencias cuyo contenido rara vez es cuestionado dada la fragilidad a todos los niveles de la persona tratada y a su confianza en el terapeuta.

Dada nuestra naturaleza programable como seres humanos y la situación personal en la que nos hayamos recibimos estos nuevos preceptos y creencias con apertura y dependiendo del grado en el que hayamos confiado en la persona que nos está ayudando mantenemos el discernimiento en niveles mínimos que en nuestra vida autónoma no tendríamos imbuyéndonos profundamente de la noción de que el otro, el que nos está apoyando, ayudando o tratando debe estar totalmente autorizado y en lo correcto de afirmar lo que afirma (por descabellado que a veces nos pueda parecer) para decirnos lo que nos dice, hacer lo que hace y si en algún momento lo que dice no encaja con lo que hace, ante la disonancia cognitiva en nuestro interior optamos por una parcial ceguera temporal que nos mantenga libre de falta a aquel o aquella que nos están salvando de nuestro infierno personal.

Hay paquetes de creencias como los que en su día me creí y por desgracia propugné yo mismo que se basaban en la sutil pero persistente demonización de la mente y sus facultades de razonamiento, dicernimiento y juicio, ya que como los maestros “iluminados” afirman que la mente es el origen de todos los males del hombre “pues esas características de mi equipamiento como humano no deben ser buenas, deben ser malas y ser las que me causan todo el dolor en la vida”. También es cierto que en los grupos de terapia en los que me moví como cliente el uso de las facultades intelectuales era una suerte de “maldición de ser mental” en el sentido de que no eras una persona que “realmente” estuviese en el camino de la iluminación, porque para ello había que Ser y Sentir únicamente. (Ahora entiendo mejor por qué pensar no era apoyado, ya que si pienso es posible que me de cuenta de algunas de las cosas que se me dijeron que eran sencilla y llanamente falsas).

Dependiendo del buen hacer de la persona que nos trate sabrá apoyarnos a enfrentar nuevamente todos y cada uno de los retos de nuestra vida apoyándonos a ser independientes lo antes posible y estimulando todas nuestras capacidades ya sean mentales, emocionales o conductuales sin demonizar ninguna de ellas, trayendo nuestra atención a los hechos una y otra vez hasta que podamos ver que a nivel objetivo cierto tipo de mentalidad, emocionalidad y comportamiento tiene determinados resultados.

Dado que nuestro nuevo paquete de creencias de tal o cual ideología fué grabado en momentos de extrema fragilidad y que ahora hemos recuperado o estamos recuperando la fuerza con la ayuda de los grupos de personas, la comunidad, o el entorno de nuestro terapeuta, habremos enterrado la llave de acceso a nuestro nuevo condicionamiento en el lugar que menos querremos revisitar, es decir, nuestro estado de total vulnerabilidad y falta de autonomía personal, nuestros momentos de tocar fondo.

Además puede ser que podamos fácilmente asumir que esas creencias que nos fueron propuestas en nuestro momento de tocar fondo, sean las causantes de nuestra mejoría perdiendo la perspectiva de que lo que realmente reestableció nuestra confianza fué la recuperación de vínculos humanos basados en el respeto, la escucha y cierto grado de sensibilidad derivado del respeto a los principios de no-violencia y auto-defensa.

En la medida que hayamos invertido más o menos tiempo, atención y dinero en nuestro nuevo entorno puede que el rango de variable sea inmenso, puede oscilar desde cambios ligeros en nuestras relaciones con todos los planos y personas en nuestras vidas tal y como eran hasta un total cambio de condiciones de vida, pareja, trabajo, relaciones, hábitos, gustos, identificaciones, estética y un largo etc…

Cuanto más “compramos” cierta ideología tantas más posibilidades hay de que esa ideología se muestre ineficaz, ante la infinita escala de posibilidad de la realidad objetiva y que acabe anclándonos nuevamente en patrones de respuestas predeterminadas, diferentes a las de nuestra vida anterior a la terapia sí, pero en esencia igual de automáticas, programadas e ineficaces porque al haberlas comprado renunciamos a nuestra capacidad de discernimiento y sano juicio de la realidad objetiva a nuestro alrededor sustituyéndola por axiomas de nuestra ideología instalada.

Es un tema peliagudo este y realmente no es fácil para mi escribir tan abiertamente sobre él. En mi caso he estado en ambos lados de la situación y especialmente en ambos lados negativos de ambas situaciones, es decir, he estado en la posición del cliente que “apagó temporalmente” su uso de la razón para “comprar” sin filtro lo que le era “vendido” en el proceso terapéutico y he estado también en el lado del terapeuta que “vendía” ignorantemente su visión de la vida como interfaz para lidiar con la realidad objetiva sin entender que la perspectiva no puede sino ser limitada porque es una interfaz y no la realidad misma.

Espero que esta reflexión en voz alta os resulte de utilidad y os ayude a mantener encendidas sanamente todas las capacidades y habilidades mentales, emocionales y conductuales de las que disponéis.

En próximos textos abordaré aspectos específicos de contenidos que en el pasado propugnamos en los talleres residenciales que realizamos en los que estabamos equivocados para ir aclarando los puntos en los que pudimos inducir a las personas a creer en cosas que no tienen sentido alguno por ignorancia y falta de saber hacer.

Por último aprovecho para informaros que hemos dado de baja prácticamente la mitad de los vídeos que teníamos colgados en YouTube tras revisitar su contenido y constatar que contenía errores importantes (que se abordarán en su momento punto por punto) y hemos dejado activos únicamente los que pertenecen al curso multimedia y la entrevista que nos hizo Rafapal.

Un abrazo para todos!

Marko



0 comments on “Vulnerabilidad como potenciador del condicionamiento
1 Pings/Trackbacks para "Vulnerabilidad como potenciador del condicionamiento"
  1. […] Por otra parte, gran parte de las terapias modernas se basan en un deliberado esfuerzo de hacer al humano centrarse “en su interior”, en sus percepciones y atribuirles un desmesurado valor, llegando a inducir mediante la autosugestión estados que no existían en el cliente anteriormente, desplazando parcial o total y absolutamente el punto de atención que tenía el cliente sobre sus actos, pensamientos y la vida externa a una suerte de “unica realidad que importa que es la interior”. No es raro tampoco encontrarse (y por desgracia ese fué nuestro caso también) procesos didáctico-terapéuticos en los que el terapeuta o profesor por una parte explicaba material válido para ser aplicado, fundamentado en la realidad objetiva pero mezclado con “su visión de la vida, las relaciones y cómo debería ser el mundo”, es decir, la percepción subjetiva personal del terapeuta o profesor, cosa que el alumno o cliente a menudo absorben debido a las circunstancias reseñadas en el último texto publicado en esta web. […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Canal de YouTube

Tu nombre (requerido)

Tu Email (requerido)

Tu Asunto

Tu Mensaje

Tu Archivo