¿Por qué me afectan tanto las cosas?

foto-resilienciaEsta es una cuestión que seguramente más de uno se ha planteado en momentos de adversidad: ¿Por qué me afectan tanto las cosas?

En otras palabras, ¿por que la resiliencia o entereza frente a la adversidad de algunos humanos es tan diferente de la de otros?

Como primer comentario me gustaría recalcar que este texto está diseñado para aquellas personas que quieren ser capaces de lidiar en primera persona con el mundo que existe hoy en día, no con el que les gustaría que existiese en vez del que hay actualmente.

Este es un tema inmenso, interesante y pertinente en nuestras vidas adultas . En aras de mantenerlo simple presentamos tres causas que consideramos principales para contestar resumidamente a esta cuestión:

1. Posibles trastornos del cerebro. El factor físico.

Dependiendo de cómo tenemos “cableado por defecto el cerebro” especialmente en lo referente a las áreas encargadas de la gestión de las emociones respondemos de maneras muy distintas a la adversidad.

En el caso de los seres humanos afectados por trastornos como la psicopatía de nacimiento o primaria (que afecta según estudios entre el 1-6% de la población mundial) supone un serio dilema: ¿cómo experimentará un psicópata la “educación” y por tanto la “adversidad” que supone por ejemplo aprender a hacer algo cuando uno no quiere o se siente contrariado?. Un ser humano que básicamente no puede sentir emociones reales y que las emociones que expresa son producto de una refinada imitación de las de sus familiares o cercanos se encuentra con un serio “handicap” humanitario a la vez que con una posible ventaja estratégica sobre los demás.

“Si no siento vergüenza por mis malos actos, ni culpa, ni arrepentimiento entonces ante la adversidad ¿cómo responderé?¿me afectarán las acciones que me suceden o que voy a tomar? ¿podré dormir tranquilo si tomo decisiones para salir de la adversidad propia que dañan directa o indirectamente a los demás?” (si no has podido evitar pensar en alguna figura pública, política, espiritual, financiera o de algún otro sector posiblemente afectada por este trastorno te informamos de que no andas muy desencaminado o desencaminada. Buen sitio web para consultar con muchos datos esta temática.)

Por desgracia, de momento no se conoce muy bien las causas por las que existe este trastorno ni una solución para el mismo.

Si te has inquietado al leer estas lineas ante el hecho de que puedas ser uno de estos casos despreocúpate, tu inquietud revela que no eres psicópata 😀 aquí puedes chequear una breve lista de síntomas de este trastorno.

Puede haber otros trastornos distintos que no mencionamos y que obviamente también habrían de ser tomados en cuenta al respecto de este punto.

2. La impronta de condicionamiento a través de la educación recibida. El factor emocional.

Una de las causas de nuestra mayor o menor entereza frente a las adversidades de la vida tiene que ver en parte con las circunstancias personales que vivimos en la infancia y el propio ejemplo externo que recibimos de nuestros familiares, cuidadores o personas de las que dependíamos cuando enfrentaban sus emociones, situaciones o períodos de adversidad.

Las personas que han vivido climas y ambientes de abuso, agresión, amenazas, desrespeto, coacción, sometimiento, etc… en los que la adversidad era percibida y recibida por el colectivo familiar con negación o rechazo muestran por lo general una menor resiliencia ante la adversidad que puede quedar patente en forma de depresión, pérdida de la autoestima, desconfianza generalizada, aislamiento, adicciones o por el contrario puede manifestarse como falta de control sobre sus propias emociones desembocando en agresividad hacia sí mismos, hacia los demás, desbordamiento, ansiedad, etc…

En familias en las que ciertas emociones eran consideradas buenas y otras eran consideradas malas y reprimidas por medios físicos o amenazas de abandono, privación de atención, cariño o amor, la manifestación actual del adulto frente a la adversidad y su resiliencia se puede haber visto también seriamente dañada.

La manera en la que los seres humanos cercanos al niño lidiaban con las dificultades también puede afectar profundamente su desarrollo, aprendiendo a imitar los comportamientos de los padres o por el contrario revelándose e intentando hacer justo lo contrario frente a la adversidad, así nos encontramos gente que se deprime, droga o estalla como lo solían hacer sus familiares más directos o figuras relevantes en su infancia y otras por el contrario desarrollan un exagerado sentido de la responsabilidad, una hipersusceptibilidad frente al estrés, la tensión o la más leve confrontación, etc…

Es importante darse cuenta en qué medida estas reacciones condicionadas provienen de experiencias pasadas para comenzar a detectar la cascada de eventos que suelen desarrollarse cuando estas reacciones están presentes y aprender a desarrollar contención emocional, es decir la habilidad de sentir en nuestro interior el rango completo de nuestras emociones sin reaccionar necesariamente hacia el exterior (salvo, claro está, en los casos que haya una agresión y la auto-defensa se requiera), en otras palabras, sobreponerse al miedo a sentir a través de un proceso de elección y voluntad propia continuada.

Este es un proceso que lleva tiempo, paciencia, entendimiento, una gradual apertura creciente y reapropiación de las emociones presentes en el cuerpo.

Tanto la persona que se ha ido quedando gradualmente desconectada de sus emociones (hasta en algunos casos incurrir en una psicopatía secundaria causada por el trauma repetido) como la persona que tiene sepultadas sus emociones reales bajo una montaña de emociones superficiales explosivas, drama, histeria, etc… para desarrollar su resiliencia han de estar dispuestos a encarar sus emociones cuando surgen y asumir su responsabilidad y propiedad sobre ellas.

3. Las creencias y la cosmovisión que uno tiene en la actualidad. El factor mental.

La relación que tenemos con nuestra propia mente puede resultar crucial para poder llevar a cabo la reparación que describíamos al final del segundo punto. Sin embargo, si en la actualidad el adulto se encuentra profundamente sumido en las cosmovisiones de los demás, de “maestros iluminados”, de instituciones varias como gobiernos, religiones, movimientos sociales, etc, resulta muy complicado reestablecer una relación sana con la mente para que nos sea útil en la tarea de reapropiarnos de nosotros y generar enter-eza (unidad, estar enteros) ante las dificultades. Esto es así, porque para poder desarrollar entereza, un requisito fundamental es desarrollar un pensamiento propio al respecto de las cosas en nuestro interior y a nuestro alrededor y esto es lo que las diferentes cosmovisiones del origen que sean justamente no quieren ni son. Son maneras “estandarizadas” de pensar sobre las cosas.

Sin quitarle validez a ciertas afirmaciones de todos los colectivos cuya finalidad más o menos escondida es alinear a los humanos según su propia cosmovisión dejando de lado la habilidad propia del hombre para decidir sus posicionamientos mentales en base al pensamiento libre, crítico y razonado, cabe destacar que resultará entre difícil e imposible que podamos llegar a pensar por nosotros mismos si de manera continuada adoptamos posturas mentales “prefabricadas” por tal o cual grupo, país, gurú, religión, gobierno, etc…

Y es que, no resulta muy cómodo darse cuenta de la enorme influencia que ejercen sobre nuestra mente y nuestros pensamientos los diferentes sistemas de creencias que existen en la actualidad. Sin embargo, para poder desarrollar resiliencia, un requisito indispensable es estar dispuesto a estar abierto al cuestionamiento de los posicionamientos mentales propios y ajenos aunque ello no sea agradable a veces.

En el plano mental, la resiliencia es la capacidad de admitir a debate sincero los planteamientos y argumentos que provienen del entorno, siendo capaces de sostener esos planteamientos en nuestro interior por muy en desacuerdo que estemos con ellos, hasta entender y razonar los motivos por los cuales estamos en acuerdo o en desacuerdo con ellos. Es decir, mantener una apertura mental caracterizada por un sano escepticismo a la par que una sana confianza que tiene por objetivo descubrir la verdad de las cosas.

Mentalidades que sugieren que el ser humano es un insensible y que debería ser diferente, más meditativo, menos invasivo, más amoroso, menos racional, más así y menos asá y que tiendan a sugerir a la gente a que se junten con los que se “sienten bien” y no forman parte de ese resto de dormida o malvada humanidad, inadvertida o deliberadamente lo que generan es un aumento de la hiper-susceptibilidad de los individuos que forman parte del grupo y que han pasado por casos como los descritos en el segundo punto, provocando un fenómeno burbuja (nuestro grupito es el de los “despiertos” y el resto son todos “dormidos inconscientes”) o un fenómeno secta (en el que alguien con conocimientos manipula a los demás a su antojo), pero sobretodo lo que provoca es un dramático descenso de la resiliencia del individuo ante la adversidad, consiguiendo que se vuelva dócil y manejable,  haciendo del progreso algo muy dificil debido a la falta de disposición de auto-confrontamiento de las propias ideas, opiniones y posturas mentales.

Conclusión.

Nuestra capacidad de darnos cuenta de las cosas que nos pasan, reconocer los patrones en nuestro comportamiento, emociones, pensamientos y en la vida, contener física, emocional y mentalmente nuestros diversos estados, pensar por nosotros mismos y tener paciencia para averiguar las posturas mentales propias y ajenas frente a la realidad objetiva están vinculadas a nuestra resiliencia y capacidad de gestionarnos a nosotros mismos en tiempos de adversidad y dificultad, en nuestras manos está una parte importante del proceso de recuperar esta valiosa y fundamental habilidad, la entereza en la vida.



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