La liberadora monarquía interior

nTE8GkyTACoincidiendo con la abdicación de Juan Carlos I y la proclamación de Felipe VI como rey de España, aprovechamos la tesitura de los acontecimientos para “romper una lanza en favor de la monarquía”. Sí, en favor de la monarquía… pero…. de la monarquía interior.

La palabra monarquía significa mon (uno) -arch (gobierno, gobernante) “el gobierno de uno solo, un solo gobernante, un solo rey”. En este texto vamos a hablar sobre la monarquía interior. Es decir, el auto-gobierno de uno mismo.

De todos es sabido que el rango de reacciones y respuestas de un ser humano frente a un acontecimiento es muy variado. Podemos reaccionar instintivamente, podemos reaccionar de manera emocional primaria, podemos responder emocionalmente de maneras más elaboradas, podemos responder de manera intelectual programada, de manera intelectual creativa, o una mezcla de varias de ellas al mismo tiempo…

Esto se debe a que pese a tener un cerebro, en realidad tenemos un “tres en uno” como cerebro. Nuestro cerebro se compone de tres partes diferenciadas cuyos propósitos, lenguajes y maneras de funcionar son diferentes y sin embargo operan a la vez la mayor parte del tiempo.

Si bien, cada parte de nuestro cerebro tiene usos singularmente útiles, el problema reside en el hecho de que hemos “aprendido” a usar las partes del cerebro inadecuadas para los momentos inadecuados.

P.ej: si ahora mismo, (es solo un suponer eh?) se empieza a desmoronar el techo de tu casa, ¿qué parte de tu cerebro será la mas útil para funcionar? la que te permita salir del estado de peligro en el menor tiempo posible y con las mayores precauciones posibles, es decir, el cerebro instintivo o reptil. ¿Qué pasaría si en vez de evacuar rápidamente tu casa en este supuesto te pusieses a llorar y a filtrar emocionalmente la situación en busca de una solución? ¿o qué pasaría si en esta situación te pusieses a deliberar y analizar las posibilidades de que la grieta que está abriendose en el techo que está a punto de desplomarse encima tuyo, se deba a que el vecino ha instalado suelo radiante recientemente?¿está claro, verdad?

Pues bien, digamos que cada uno de estos cerebros están orientados hacia una determinada direccionalidad: tenemos un cerebro enfocado a la acción, otro al sentimiento y un último al pensamiento por decirlo muy simplificadamente (ya que no es exactamente del todo así, porque hay funciones que se solapan en algunas zonas, pero lo hablamos así que es más fácil).

En ¿qué consistirá por tanto la monarquía interior?, pues justamente en conocer cada uno de nuestros cerebros, como operan, qué necesitan para funcionar al máximo y bajo que circunstancias nos ayudan o nos perjudica su uso en las diversas circunstancias de nuestras vidas.

Las causas para el desajuste pueden ser de tipo alimenticio, por agentes contaminantes, tóxicos, contaminación electromagnética, eléctrica, debido al factor exógeno, al que le dedicaremos un artículo próximamente y a menudo nuestras dificultades al respecto se hayan en que, debido a posibles circunstancias del pasado, eventos duros o traumáticos, nuestra parte instintiva y emocional se activan con mucha fuerza, (en previsión de protegernos de la repetición de los eventos traumáticos de antaño) volviéndonos totalmente adictos a encontrar una solucion reactiva inmediata o a sobre-emocionalizarnos y desbordarnos perceptivamente ante los eventos y subjetivizarnos de maneras muy radicales.

En otras ocasiones, ocurre que ante determinadas situaciones quedamos congelados, haciendo un uso único y programado de nuestra facultades mentales, cuando se requeriría tener activado nuestro sentir y actuar.

Y por último, hay ocasiones en las que el pensar y el sentir, se sobreponen totalmente al actuar, manteniéndonos esclavos de nuestra subjetividad, e imposibilitándonos tomar acción.

¿Qué provoca todo esto en la práctica? pues provoca muchas cosas: provoca que no sepamos defendernos bien ante las agresiones; que no podamos o sepamos mantener y desarrollar nuestra capacidades de pensamiento individuales, nuestro discernimiento, sano juicio y sentido común; que ante ciertas personas nos sintamos tan desvalidos que las figuras pasen a ser percibidas como autoridad, nuestro sistema emocional se desborde o nuestra mente se quede paralizada ante ellas, haciéndonos sentir que somos inferiores que nuestros interlocutores; que nuestra emocionalidad sana, nuestro sentido del cuidado y del amor no esté presente cuando lo necesitamos, que nuestras relaciones sociales con quien sean, se desarrollen de maneras muy reactivas, en las que perdemos el control sobre lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos; que nuestra voluntad quede adormecida, desactivada o relegada al último plano debido al miedo mental o emocional, etc…

Encontrando el punto común a todos estos conceptos en uno, estos problemas derivan en una falta de soberanía de uno mismo, en una falta de monarquía interior. ¿Y qué pasa cuando uno no es rey de sí mismo? ¿qué pasa cuando uno no piensa por sí mismo? ¿cuando no siente por sí mismo? ¿cuando no razona por sí mismo? ¿cuando no se vale y no hace valer sus opiniones por sí mismo?

Lo que ocurre entonces es que aceptamos diversas cotas de esclavitud y aceptamos que sean otros los que hagan esas cosas por nosotros, que piensen, sientan y actuen por nosotros, ya que nosotros mismos no sabemos, no podemos o no queremos hacerlo.

Finalizo haciendo alusión a una muy buena reflexión del investigador estadounidense Mark Passio en su seminario sobre la Ley Natural: “Cuando tengamos monarquía interior, podremos tener anarquía exterior” es decir, cuando tengamos la voluntad y seamos capaces de tener auto-gobierno de nosotros mismos, no necesitaremos a otros que nos gobiernen a nosotros imponiendo su voluntad por sobre la nuestra.

Os animamos a desarrollar sin descanso vuestra monarquía interior en todo aspecto posible, vuestra libertad individual y nuestra libertad colectiva depende mucho de ello.

Un abrazo



2 comments on “La liberadora monarquía interior
  1. Paz dice:

    Comparto cien por cien y además insisto en enseñarlo y practicarlo en el aula. Los resultados no son inmediatos, sí se van viendo alo largo de los años.

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