La falacia del doble vínculo

lider¿Aún sigues siendo pobre? ¿todavía no has dejado de tener conflictos con tu pareja? ¿Sigues sin experimentar éxtasis en tus relaciones íntimas con tu pareja? ¿ya has entrado en conexión con tu Ser profundo y con la existencia? ¿Aún te sientes separado del “fluir” de la vida? ¿has dejado de desaprovechar todo tu potencial?

¿Has notado el sutil o el descarado efecto que tienen estas preguntas en tu estado anímico? Si tu humor ha cambiado y te sientes más chafado/a o menos valioso o seguro de ti mismo/a después de leer estas preguntas es que eres influenciable por la falacia del doble vínculo y estas frases han sabido detonar un estado de vergüenza inducido en ti.

Esta falacia, muy extendida en la publicidad y en innumerables ámbitos de la sociedad, tales como en el mundo de la autoayuda, la nueva era, los negocios express, coaching, sectas, etc… es un elemento cuyo poder de manipulación consigue atraer a innumerables personas que no están atentas consiguiendo un elevado ratio de conversión (nueva clientela) de manera muy fácil.

El doble vínculo consiste en establecer premisas falsas a las que no se puede contestar de maneras acertada ni positiva ni negativamente sin entrar en contradicción. Al entrar en contradicción, la persona que es preguntada por tal o cual “profesional”, se siente momentáneamente incapacitada para contestar, despertando en gran parte de las personas los síntomas de un estado de vergüenza inducido (acaloramiento, confusión, pudor, malestar, sentimientos de minusvalía, etc…). Como cuando éramos pequeños y nos preguntaban algo en clase y no sabíamos contestar… “por dios, si que estoy mal, todos alrededor parecen pillarlo menos yo, se les ve tan bien y que lo tienen tan claro, debe ser que soy defectuoso, va a ser que realmente necesito hacer este curso o comprar este libro para aclararme”…

Las preguntas iniciales, parten de premisas falsas, ya que, tomemos por ejemplo, la pregunta del “extasis en tus relaciones íntimas”, no puedes contestar con un sí o un no, sin admitir implícitamente la existencia de tales estados y su necesaria idoneidad, entrando en contracción con tus propias premisas.

Si contestas que sí, entonces necesitas el curso que tenemos preparado para tí…. (previo pase por caja, claro) y si la contestación es no, entonces quedas en evidencia, ya que se supone que estas asistiendo o recibiendo la información por algo, no la estás oyendo porque sí, las casualidades no existen, todo, absolutamente todo está predestinado (nótese el inciso irónico) y si estás oyendo esto es que lo tenías que oir. “No importa que se defina o explique para nada lo que significa el “extasis” por el que se pregunta a la persona, eso ya lo dejan a la imaginación del asistente a la charla, que de momento ha quedado en un estado medio catatónico y se encuentra luchando porque no se note su sensación de horrible ridículo de no tener “extasis” en sus relaciones íntimas de pareja, con lo “cool” que deben de ser los orgasmos del “maestro” que parece tan seguro de si mismo, tan deshinibido, espontáneo y natural…

Esta técnica de manipulación se basa en la noción de que lo que el emisor propone necesariamente es la manera correcta de vivir, de comer, de dormir, de hacer el amor, de respirar, de trabajar, de usar tu dinero, de “lo que sea” y “todo el mundo debería darse cuenta de ello y ponerlo en práctica”. Por tanto las preguntas ya van con esta premisa implícita en ellas, aunque el interlocutor no la conozca, no se la hayan explicado o directamente no tenga nada que ver con el destinatario. “Si no lo haces como “el vendedor” es que no te enteras, no vas a la última, estás dormido, no eres espiritual, no te importan las cosas importantes,etc…”.  Su fuerza reside en la falsa premisa inicial, aderezada con la falta de explicación de la terminología, el empleo, en multitud de ocasiones del factor “misterio” y una presencia carismática sazonada con una fuerte dosis de dominio de la oratoria y de aparentar ser lo que no se es.

Cuando se trata de cuestiones como tener los dientes blancos, o comprar tal o cual producto que anuncia la televisión, hay un cierto grado de inmunización, debido a la saturación por el volumen de publicidad recibida y debido a que sabemos que no tenemos que interactuar con la televisión, nadie nos mira, ni el mensaje está explícitamente orientado a nosotros como individuos con nombre y apollidos. Sin embargo, cuando nos encontramos en la presentación de un libro, en una charla demostrativa, en un coloquio y el orador nos habla directamente a nosotros, sin haber querido intervenir y en presencia de todos, las circunstancias son muy diferentes.

Además, en estos casos no se habla del blanco de los dientes, sino de temas que por lo general puedan ser más importantes para la persona, como su dinero, salud, sexualidad, mentalidad, capacidades, habilidades, emociones, etc… y por tanto pueda despertar sensaciones mayores de incomodidad ser abordados solitariamente ante un ambiente en el que no se conoce a las personas y se está guardando un sano campo de protección.

Identificar estos fenómenos se hace más fácil cuando mantenemos un cierto grado de sano escepticismo y observación en la persona que está presentando cualquiera que sea la información, especialmente si la información implica la posterior compra o no de algo y si aprendemos a apreciar los “tirones energéticos” que la persona pueda estar haciendo para “llamar nuestra atención” o “llevarnos a su cancha”.

En última instancia, de nosotros depende el no comprar, o entrar en relaciones con personas cuyo proposito es el vampirismo, eso supone una gran responsabilidad y también un gran poder a manejar, el poder de decir no cuando es necesario decirlo.



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