El fascinador “vendedor de motos”

Nos hemos topado con el término “fascinadores” leyendo el libro de Andrzej Lobaczewski titulado “La ponerología política: una ciencia de la naturaleza del mal adaptada a propósitos políticos”.

El autor, psicólogo polaco, junto con un equipo de colegas se arriesgaron a hacer investigaciones clandestinas sobre temas muy importantes relativos a la psicología humana en tiempos de la polonia comunista. Es en los entresijos del libro menciona, hablando de las caracteropatías (desviaciones patológicas del carácter humano) a los fascinadores.

monje & discipuloComo bien indica por sí sola la palabra “fascinador”, hace referencia a las personas cuyo carácter o personalidad, se ha orientado de una manera muy específica en lo referente a la interacción con los demás. Es el que te quiere “vender la moto”. Obviamente este perfil es bastante claro en muchas personas y hasta cierto punto común en nuestras sociedades ya que son estas personas las que sientan las bases de la industria del cine, amplios sectores políticos, diferentes áreas de la esfera social, la industria de la publicidad, etc…

En este artículo vamos a hablar de las versiones “refinadas” o “sutiles” de los caracterópatas fascinadores, ya que las estrategias que emplean muchas veces pueden pasar relativamente desapercibidas para muchos de nosotros, especialmente para aquellos cuyo sentido común, sentido de la crítica y escepticismo sano estén muy dormidos o aletargados.

Primero de todo, hay que entender que el fascinador opera bajo hipnosis egotista, es decir, cree, falsamente, que su cosmovisión, o la cosmovisión de su maestro, linaje, partido, equipo, grupo, congregación, religión, etc… son la única verdad y que todo el mundo debería vivir conforme a esa cosmovisión y que si no viven de esa forma es que son “estúpidos”, “dormidos”, “inconscientes”, “inferiores”, “menos evolucionados”, etc…

Esta creencia egotista distorsionadora que opera de base en los fascinadores (y subjetiviza radicalmente su visión de la vida), puede tener su origen en causas emocionales vinculadas al abandono en la infancia, episodios de aislamiento social en la adolescencia o temprana adultez, profundas sensaciones de exclusión social, etc. Entre sus múltiples causas también existen casos de daños en regiones epecíficas del cerebro que afectan el libre acceso de las personas a lo que llamamos “sentido común”. Algunos de esos daños son reversibles, gracias a la neuroplasticidad (capacidad del cerebro de regenerarse), siendo otros de ellos de muy difícil o imposible recuperación.

Los fascinadores que se han vuelto proselitistas de la visión de tal o cual persona, grupo u organización debido a causas de origen emocional, casos que, nos aventuramos a afirmar que seguramente sean la mayor parte de ellos, lo hacen, muy a menudo, debido a que es mucho más cómodo refugiarse en las enseñanzas, teorías y conocimientos de una tercera persona que provee de sensación de grupo y comodidad colectiva que no enfrentarse a la realidad uno solo. Es decir, un gran motor de estos casos se debe al miedo a la soledad y a sentirse abandonado.

Para implementar la agenda de universalización de su cosmovisión como única verdadera, el fascinador se vale principalmente de los siguientes elementos: su oratoria y despliegue circunstancial, la manipulación de las emociones de las personas a su alrededor a través del lenguaje y las experiencias propias, la estratificación, moralización explícita o implícita de su entorno, el misterio entorno a ellos  y el efecto halo (que ya lo presentamos en este otro texto).

Vamos en detalle con cada una de ellas:

El tema de la oratoria: a través del lenguaje el fascinador emplea términos que por ejemplo pueden ser desconocidos por su interlocutor (quizás tecnicismos, palabras de otros idiomas, etc…) sin explicar su significado, generando en su interlocutor una impresión de diferencial de conocimiento negativo (“yo sé cosas que tu no sabes, no te las voy a explicar en detalle, solo quiero que veas que yo las sé y tu no”). No suelen contestar con claridad a las preguntas, especialmente a aquellas que inciden sobre la terminología que emplean y si llegan a hacerlo, a menudo contestan usando nuevos términos que son ambiguos o desconocidos para su interlocutor. A menudo, esta estrategia es solo un refugio para evitar mostrar la carencia de fundamento de lo que exponen o su falta de conocimientos reales al respecto.

Los fascinadores temen al lenguaje natural, el lenguaje común de las personas, ya que les pone al mismo nivel que ellos. Y aunque sea necesario usar terminología específica, temen que alguien les diga: “no entiendo lo que estás diciendo, ¿podrías explicarlo?” ¿por qué? por que no saben explicarlo realmente, porque la cuestión para ellos no consiste en que entiendas, ni sepas nada realmente, sino que la cuestión es que compres o hagas lo que a ellos les interesa.

El despliegue circunstancial: batas blancas, trajes, vestimentas “especiales”, complementos de todo tipo, color y tamaño,  tonos de voz impostados y teatralizados, rimbombantes e incluso misteriosos e hipnóticos. También puede haber maneras sutiles de colocarse físicamente, de mostrarse masculino o femenina, espiritual o exitoso, feliz o “conectado”, ciertas expresiones de lenguaje corporal cuyo principal rasgo es que se repiten a menudo, especialmente delante de sus interlocutores, denotando que se trata de bucles repetitivos. [Está muy estudiado el fenómeno que ejerce el lenguaje corporal sobre las personas, por ejemplo cuando una persona lleva gafas y se las quita de determinada forma, causa un impacto de “erudito y de persona con muchos conocimientos” arrojando una posible falsa impresión de su saber y su saber hacer sobre la percepción de sus interlocutores].

La manipulación de las emociones del o de los interlocutores: este proceso es especialmente importante, consiste en que para poder “insertar” su cosmovisión egotista en la mente de las personas a su alrededor para sus propios intereses, primero tiene que hacerlas sentir pequeñas, menos valiosas, más estúpidas, menos evolucionadas, menos conscientes o lo que fuere. Pero ha de hacerlo de una manera no muy directa, ya que perdería su negocio, su religión o sus “activos”. El truco consiste, pues, en introducir los contenidos mezclándolos con experiencias propias, en las que se da a entender que el fascinador es alguien tiene una experiencia que los demás no tienen, que sabe, puede hacer, etc y que los demás a su alrededor no son distintos a el o ella y que si quieren pueden llegar a ese estado, conocimiento, liberación, iluminación, felicidad, alegría, vitalidad, conexión, etc… si siguen las instrucciones que le serán proporcionadas.

Esta es una herramienta especialmente poderosa del fascinador, ya que hace sentir pequeños a sus interlocutores, pero no les hace sentir pequeños sin solución ni remedio, sino que les induce un estado de vergüenza para acto seguido decirles mas o menos implícitamente: “no te preocupes, que aunque aún no seas lo guay que soy yo, podrás alcanzarlo si me compras la moto”.

La estratificación en este contexto del fascinador es una técnica que usan para categorizar (en general de maneras muy implicitas) sus diferentes tipos de interlocutores entre los más susceptibles de comprarles la moto y los que no lo son tanto y usarles entre ellos para polarizar el ambiente entre “los que saben, entienden, y están más esto o aquello” y los que “todavía” no han alcanzado el punto de los primeros, así juegan vendiendo motos de diferentes tamaños y precios a los diferentes estratos.

De esta forma el fascinador puede jugar también con las lealtades de los interlocutores para ponerles los unos en contra de los otros, para potenciar sus ventas, su agenda de difusión egotista o sencillamente para hacer crecer más su negocio o culto. Es el funcionamiento del “divide y vencerás”.

Generar misterio y efecto halo, podríamos llamarlo “las guindas del pastel” porque son la verdadera especialidad de los fascinadores, es en lo que son verdaderamente expertos. Son expertos en hacerte creer que son algo que no son, que tienen algo que tu no tienes, que viven de una manera que tu no vives, que sienten de una manera en la que tu no sientes, que perciben cosas que tu no puedes percibir. Cuando llevan décadas de práctica pueden llegar a ser realmente buenos y en muchas ocasiones totalmente inconscientes del juego que están llevando a cabo y consiguen sistemáticamente lo que sea que les interese que tu te creas y compres.

Hasta aquí la explicación sobre los fascinadores. Ahora, ¿qué es lo que uno puede hacer frente a este tipo de personas (con este trastorno adquirido) y este tipo de caracterópatas (con este trastorno producido por daño cerebral o transmisión genética) ?

Seguramente haya muchísimas más, pero las que más importantes consieramos son las siguientes:

– Relacionarse con personas de diferentes estratos, culturas, paises y grupos sociales, para ir dándose cuenta de lo estrecho que es el mundo que plantea el fascinador como “mundo ideal”, “moto ideal”, “vida ideal”, “manera de hacer el amor ideal”, “manera de comer ideal”, “manera de ser ideal”, etc…

– Poner en tela de juicio, primero individualmente, los axiomes o fundamentos sobre los que se sustenta el conocimiento que el fascinador transmite. Es decir, tomarse el tiempo de investigar los temas uno mismo, buscar las fuentes, entender lo que se trae entre manos a nivel de temario y ver la validez o sesgo que tienen. Una vez hecho eso, plantear individual o colectivamente las cuestiones discrepantes que se hayan podido encontrar al fascinador y observar su contestación frente a estos temas. La contestación que recibamos por su parte puede ser muy esclarecedora sobre él y sus verdaderas intenciones.

– Tomarse el tiempo de explorar los miedos de ser rechazado por el grupo de interlocutores “convencidos”, de quedarse solo, de saberse en una posición incómoda o confundida. es decir, no huir de las emociones subyacentes, sino encararlas con paciencia y apertura.

– “Echarle huevos” a preguntar cuando no se entienden las cosas, más que callarse y asentir sin entender, entrando más y más en los estados de vergüenza que provoca “el no entender” y “no saber de qué se está hablando”.

– Tener en cuenta que desarrollar un pensamiento crítico propio y un sentido de escepticismo sano son herramientas válidas e importantes al enfrentar aspectos teóricos o con contenido de conocimientos.

– Aprender a darse cuenta de cuales son los elementos que a uno mismo le provocan que cierto tipo de persona nos resulte especialmente fascinante y el grado en que esa fascinación restringe o anula nuestra propia capacidad de pensar, discernir y actuar de manera autónoma.

Como conclusión os sugerimos que cuando estéis confundidos ante alguien que pudiese ser o no un fascinador, os déis tiempo para entenderos a vosotros mismos y para entender al otro. El pensamiento y el criterio propio se construye poco a poco y requiere de tiempo, cosa que muchos fascinadores en realidad no quieren dar a nadie. Mantenerse en contacto con la realidad de los hechos suele ser una gran ayuda cuando se observa a alguien. A menudo ocurre que tras cierto tipo de discurso “mágico” los actos contradicen parcial o totalmente al fascinador.

Por último os invitamos a daros cuenta del hecho de que cuando rendimos nuestra individualidad al fascinador, nos volvemos sus marionetas y nos situamos en una tesitura de víctimas, mientras que en todo momento podemos desarrollar nuestro conocimiento, cuidado y acciones para mantenernos libres y despiertos. De cada uno de nosotros depende.

Un abrazo

Marko y Caroline



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