Cómo gestionar conflictos de pareja

Este es uno de esos temas que probablemente no desaparezca mientras el mundo sea mundo.

Aquí van unas cuantas premisas a tener en cuenta antes de entrar en el tema:

El enunciado del post habla sobre gestión de conflictos de pareja pero, paradójicamente, lo primero que hay que tener claro es: ¿Existe un conflicto de pareja o lo que hay es un conflicto a nivel individual que es extrapolado a la pareja?

A menudo ocurre que un miembro de la pareja se ha visto “detonado” por comportamientos, formas, tonos de voz o gestos del otro que le evocan a papá o a mamá, haciendo que su emocionalidad se altere. Eso pertenece al espectro de la gestión individual del conflicto y con ello hay que saber lidiar previamente y a solas para que luego, una vez abordando el conflicto en pareja, no haya posteriormente necesidad ni de insultos, ni humillaciones ni reacciones emocionales desbordadas.

Si estamos ya en la fase en la que verdaderamente hay un conflicto entre dos adultos, y no dos adultos poseídos por sus impresiones de la infancia, entonces podemos pasar al conflicto en cuestión. A menudo para llegar a esta fase hace falta bastante tiempo.

¿Sabemos qué problema estamos tratando? a veces sucede que una pareja no está discutiendo por lo mismo. Es importante dejar claro el tema fuente del conflicto de antemano, por si acaso.

Una vez sabemos que estamos discutiendo por lo mismo, es muy útil dejar claro el grado real de voluntad que hay en el momento para resolver el conflicto. Basta con preguntar abiertamente: ¿Queremos resolver este problema, ahora? Una respuesta honesta es imprescindible para empezar con buen pie. Es posible que no sea el mejor momento para resolver el conflicto y sea más apropiado dejar su resolución para un momento más propicio.

Todos los implicados en el conflicto, todas las partes, han de hacer un esfuerzo por mantenerse centrados en los hechos, atenerse a lo objetivo y no dejarse llevar por su percepción subjetiva personal. Al mismo tiempo ser capaces de comunicar tanto lo evidente como lo que sienten y piensan, abierta y fielmente.

Este preciso punto: mantener una comunicación abierta y honesta, de raíz, es seguramente, el punto más difícil porque tiene el potencial de despertar nuestros miedos, nuestra vergüenza y nuestra desconfianza, y por eso es muy fácil que caigamos en estrategias de protección, las cuales entorpecerán cualquier avance hacía la resolución del conflicto, si eso sucede volver al punto de la gestión individual antes de continuar.

Tendremos que ejercer la paciencia, tanto con los demás como con nosotros mismos, a no confundir con la indulgencia y la auto-indulgencia. Muchas veces, pensamos que las cosas hay que resolverlas ya mismo. Puede que a veces esa opción sea la acertada, sin embargo, a menudo se necesitan varios momentos espaciados en el tiempo para abordar y resolver un conflicto.

Dar tiempo a la adrenalina, al corazón y a los pensamientos para que se calmen y “re-ordenen” ayuda. A veces, es bueno, perder el miedo a interrumpir un encuentro centrado en un conflicto cuando el desacuerdo es grande (hay que saber diferenciar también cuando finalizamos una conversación anticipadamente como huida de cuando ponemos una conversación en pausa porque realmente es lo mejor, de ahí la importancia de la honestidad con uno mismo y con el otro).

Mantener la objetividad y ceñirse a los hechos que guardan relación con el conflicto es otro de los aspectos más difíciles. Tendemos a divagar en exceso, a interpretar con creencias y esquemas de todo tipo: racionales, espirituales, terapéuticos, etc; y olvidamos la verdad subyacente a los acontecimientos: la persona con la que discutimos es también a la que amamos y de seguro que objetivamente el trato entre ambos es, la gran mayoría del tiempo, muy buena porque existe amor, vínculo y afecto.

Si no lo hay, entonces los conflictos pueden servir como “catalizador” para la ruptura de la relación o para ayudar a sentar unas bases más sólidas sobre las que pueda construirse confianza y afecto, concluyendo en una profundización y maduración de la relación.

También puede ocurrir que las discusiones tengan un origen sobre acontecimientos de los que nunca se ha hablado explícitamente, valor es requerido para sacar a la luz secretos y ser totalmente honestos, en caso contrario no existirá resolución real.

Muchas veces los conflictos evidencian aspectos que han sido “sobreentendidos” o dados por “obvios” en la pareja porque, lo queramos o no, venimos de unos condicionamientos fuertes que a menudo nos hacen creer que “la manera en la que he visto que se trataban mis padres entre ellos es la normal”. En estos casos se necesita saber “tragarse el orgullo” y hacer el esfuerzo de consensuar unas pautas comunes para aspectos que, por vergüenza, dejadez o miedo, no hablamos.

Por ello dos elementos cruciales son la comunicación y el esfuerzo.

El amor maduro entre dos personas consiste en que ambas se toman las molestias y realizan los esfuerzos necesarios para ir desde el disenso acercando sus posturas hasta un punto en el que pueden encontrar soluciones que satisfagan a ambas partes.

Hacer concesiones para llegar a acuerdos, es una manera muy válida y a menudo adecuada para llegar al consenso. Hay que tener cuidado por eso de que las concesiones no crucen las líneas rojas de nuestros valores fundamentales tales como el trato en la pareja, las necesidades fundamentales para que la confianza esté presente y en general todo aquel aspecto que forme parte de las bases de esa relación.

Pasar a través de conflictos, plantarles cara y abordarlos hace que a menudo conozcamos más y mejor al otro, a nosotros mismos, que crezcamos y desarrollemos nuestras capacidades de tolerancia, honestidad, comunicación, paciencia, sano esfuerzo y objetividad.

Las relaciones perfectas sin encontronazos, sin disenso y sin conflictos pertenecen al ámbito de las películas de Disney (ficción) o de las teorías iluminadas de muchas corrientes nueva era.

Con amor, paciencia, comunicación, esfuerzo, honestidad, objetividad y voluntad de llegar al entendimiento es posible resolver cualquier conflicto que se presente por complicado que sea.

Caroline y Marko



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