Aprendiendo a aprender

La manera en la que nos encaramos con la información que nos es presentada en el día a día en la vida es, quizás, uno de los puntos más importantes en lo tocante a por qué vivimos la vida como la vivimos, con los fallos, miserias y con los aciertos, éxitos que cosechamos. Es nuestra “enseñabilidad”, nuestra capacidad de aprender algo nuevo que proviene de una fuente externa a nosotros, ya sea un profesor, una nueva pareja, una nueva situación del tipo que sea.009
Dependiendo del grado de atención que le pongamos al proceso de aprendizaje en nuestras vidas podremos darnos cuenta del hecho de que hay patrones de comportamiento que se repiten, nos damos cuenta de ello quizás por los desenlaces que se repiten periódicamente.

Sin embargo, no solemos prestar atención al origen ni al proceso por el cual se acaban dando esos desenlaces repetitivos.

Gran parte de ese proceso ocurre en el momento mismo de iniciar la interacción con la cuestión o persona que sea y tiene que ver con el grado de apertura o cierre que tenemos desde el mismo inicio.

Rechazamos, juzgamos destructivamente sin argumentos, criticamos por despecho y nos mostramos rigidamente escépticos por un lado y por el otro confiamos completamente, somos crédulos e ingenuos, no comprobamos nada y nos mostramos fanáticamente “abiertos” o “fluyendo”.

Estas dos tendencias están hermosamente ilustradas en el gráfico superior (extraido del seminaro Ley Natural). En ambos casos nos hacemos un flaco favor y en ambos casos gran parte de las raices de tal actitud frente a la nueva información, frente a la nueva situación o a la nueva persona o relación se encuentran enraizadas profundamente en nuestra primera infancia.

Muchos de nosotros crecimos empapados de modelos de aprendizaje basados en la desigualdad, basados en la fuerte jerarquía y en el extremo concepto de autoridad que propugnaban un padre duro autoritario, un colegio estricto, un profesor marcial o lo que fuese o puede que fuese el fenómeno contrario, como pasa más habitualmente en estos tiempos, crecimos en una desigualdad basada en los “nuevos modelos horizontales” en los que haciamos lo que nos daba la gana cuando nos venía en gana, sin criterio y sin limites.

Lo que esto ocasionó es una polarización frente a lo nuevo: o bien aprendimos a meternos en el bucle de la proyección hacia una persona, ideología o corriente (poner en un pedestal – endiosamiento – traición –  decepción y cambio de ídolo) o bien nos cerramos a toda nueva información sin dar pie a nada nuevo en nuestras vidas.

Puede que fuesemos estimulados a comprar determinada “cosmovisión” de la vida, para que veamos las cosas como las ven nuestros papás, nuestro grupito, nuestro pais, nuestra corriente espiritual, nuestro gurú o nuestro ídolo…

En todo caso, en el proceso perdimos nuestra individualidad y nuestra sabiduria para elaborar nuestra propia cosmovisión, unas veces por miedo, otras por vergüenza y otras veces por pereza.

Mejorar nuestra “enseñabilidad” y nuestra predisposición a aprender y crecer tiene requisitos: hemos de estar dispuestos a poner en cuestión lo que pensamos y constratar incansablemente nuestros supuestos y percepciones con la realidad objetiva, hemos de estar dispuestos a contrastar la información que nos llega independientemente del tono de voz o de la simpatía que sintamos por el interlocutor de turno, hemos de estar dispuestos a poner nuestra voluntad para hablar y para abrirse a cuestionar conceptos comunes de un grupo en momentos en los que la presión social es fuerte o en los que hablar no es popular o cool, hemos de estar dispuestos a no saber, a sentirnos en medio de la nada, inseguros, para poder acabar encontrando respuestas de verdad y no sucedaneos para auto-tranquilizarnos.

El rígidamente escéptico escuchar y tener la voluntad de sostener en la mente la nueva información aunque sea un reto de escuchar y aunque de miedo o yuyu.

El rígidamente “abierto o fluido” tener la voluntad de contrastar lo que le es presentado y salir de la mentalidad de fusión con el grupo para elaborar su propia cosmovisión y llegar a ser el mismo aunque de pereza hacerlo o miedo salir de la mentalidad de rebaño.

Aprender a aprender con eficiencia, con una sana confianza a la par que un sano escepticismo es un gran reto y tiene el potencial de cambiar nuestras vidas, de cada uno de nosotros depende.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Canal de YouTube

Tu nombre (requerido)

Tu Email (requerido)

Tu Asunto

Tu Mensaje

Tu Archivo